Todo conectado

Puedes apuntar al frente con el dedo índice de una mano, y luego tener la intención de que tu dedo siga un poco más en la misma dirección. Notarás que se inicia una reacción en cadena que va por tu mano, tu muñeca y tu brazo vinculando después la parte superior del torso, tu cuello y tu cabeza. Con la orientación iniciada ya podrías dar un paso y seguir caminando.

Después de haber ejecutado esas instrucciones puedes, de igual forma, iniciar la acción de caminar, y esta vez rotar el antebrazo hacia la línea media de tu cuerpo, (esta es, la línea imaginaria que divide tu cuerpo en mitades izquierda y derecha, produciendo un movimiento llamado “pronación”). Si lo haces con el brazo derecho, al girar el antebrazo de esta forma,  orientarás todo tu cuerpo hacia el lado izquierdo. Pon esto en práctica en un espacio amplio, y podrás ir dando diferentes direcciones a tu antebrazo (sin dejar de caminar en la dirección que propone el dedo índice) y observar cómo cambia la orientación de todo tu cuerpo en movimiento.

Esto es posible porque todos los tejidos de tu cuerpo están conectados. Hablando de manera simple, es posible que dos músculos no tengan ninguna cercanía inmediata, pero que actúen sobre un mismo hueso, por ejemplo, o que cierto músculo afecte a otra estructura fibrosa que afecte a otro musculo o grupo muscular, etc. Todo está conectado. Por eso, si al tocar tensas indebida e inconscientemente tu cuello, y has desarrollado por muchos años una forma de tocar o practicar ejercicios técnicos que no ha contemplado este fenómeno ni la forma más eficaz de lidiar con él, solo hayas creado una forma de asociar tensiones innecesarias por cada vez que te propones lograr algún objetivo, no solo en tu instrumento, sino también en tus acciones de la vida cotidiana.

Es impresionante lo fuerte que se manifiesta este fenómeno, que de todos modos se asocia a nuestra incapacidad de “sentir” en forma correcta lo que sucede en nuestro cuerpo (apreciación sensorial imprecisa) en el desarrollo de nuestras actividades. Por ejemplo, un instrumentista puede tensar su cuello considerablemente por cada vez que mueve un dedo, y sabemos muy bien que necesita mover sus dedos muchísimas veces. La tensión generada se alojará en el sistema hasta que se produzca algún tipo de colapso, y otra cosa importante, es que sus malos hábitos de movimiento aumentarán cuando llegue el momento de presentarse en público.

Si te has reconocido en lo que hemos planteado, sabes cuántas veces has sido incapaz de hacer algo diferente de colapsar, dejando de tocar en el momento de mayor tensión descontrolada. A veces un músico se sienta delante de un público sabiendo que hay una sección de la pieza que va interpretar que no domina. Comienza la pieza pensando en esa sección y su tensión sube conforme va llegando el momento de realizar esa parte. Es muy poco probable que el músico pueda lograr frente a otros, lo que no ha logrado durante sus jornadas de estudio.

Consciencia Corporal Para Músicos – Chile

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